Colaboradores
Tan cerca de la normalidad, tan lejos de que parezca igual
Por Liliana Zentella, Colaboradora de Empresa Positiva® y co-fundadora de la iniciativa Potencial Valiente
Seguro has imaginado lo que harás al momento que todos podamos salir y regresar a nuestras actividades de forma libre, sin miedo de contagiarnos, donde probablemente piensas, incluyéndome, en ir corriendo por esos ricos taquitos de pastor y disfrutarlos con refresco, o de plano una cerveza bien fría. En lo particular hay momentos en los que pienso que esto no sucederá en el corto tiempo, ¿Corto tiempo, Liliana? Llevemos más de un año ¡no inventes!, bueno, es un decir, después de ver que las cosas van “caminando”, digamos que se alcanza a ver un poco de luz. Aun así, no lo veo tan factible ya que, como sociedad, no hemos generado la conciencia suficiente para entender que esa normalidad que tanto extrañamos no volverá, nos guste o no, no hemos aprendido que hay nuevas formas y reglas de convivencia, que serán las que permitirán que podamos volver a esa “vida” que añoramos, pero va más allá de mantener distancia.
Es por ello que lo veo tan lejos, es comprender que la vida de la humanidad cambió, es un ajuste a la forma de vivir y disfrutar aquello que era tan mundano, y tan normal, como el poder hacerlo en el momento que quisiéramos, por ejemplo visitar a la familia, y seamos realistas pues muchos ya se han visitado aunque sabemos que no es recomendable, digamos que no es algo factible, parecería broma pero es anécdota, mientras más nos prohíben hacer algo más nos aferramos a ello, sin importar las consecuencias.
Hace un par de días recibía un mensaje de la escuela de mi hija donde, por medio de una encuesta, solicitaban nuestra opinión (a manera de sondeo) sobre el posible regreso a clases el siguiente mes, de inmediato pensé y dije “estaría bien que regresaran a la convivencia diaria, sobre todo por salud mental”, pero en ese instante pensé también en la salud física de ellos, es decir, a pesar de que hoy el virus en ellos no es tan fuerte, son presa fácil y esto podría resultar aun más catastrófico de lo que hemos vivido hasta hoy.
Es ahí es donde entra este texto, “tan cerca y tan lejos”, todos indudablemente queremos tener un poco de libertad (individual), respirar con tranquilidad y añoramos tener esos cinco minutos otra vez para nosotros mismos, y parecería que estamos cerca, pero cada vez que lo vemos, y sentimos así esa posibilidad, se aleja más, pero ¿Por qué? Digamos que nuestra nula empatía, acompañada de la falta de raciocinio, ha hecho que esto se vuelva kilométrico y, hasta cierto punto, cansado y poco creíble. Al final sé que esta situación se ha prolongado, en gran parte, por nuestra falta de conciencia y cada día que pasa le cooperamos más. Entonces, ¿Qué debemos hacer? Creo que individualmente está ha sido una situación que a todos nos hizo cambiar, y justo ese cambio es lo que debemos trabajar, para que esa normalidad llegue pronto y de forma natural, es decir, que sea tan bien recibida que no nos incomode, o moleste, las nuevas normas de convivencia.
Todo está tan cerca como mi mano, pero tan lejos como el dedo chiquito de mi pie izquierdo, literal así veo hoy la situación, y mientras más la esperemos más se alejará.
Para cerrar este texto quisiera que pienses en todo aquello que pudiste haber hecho durante este tiempo, y que la pandemia no te lo permitió, pero también que reflexiones sobre una situación o momento que se quedó tan cerca pero tan lejos y que, por alguna razón (no COVID), lo procrastinaste. Puedo decirte con libertad que no podemos endosarle todo lo sucedido a la pandemia, hay que asumir la responsabilidad del “ya merito”, “es que me amole la rodilla” (jajaja, típica frase mexicana) y por eso no se pudo. Asómate a la venta y disfruta que puedes ver lo que hay a tu alrededor, que no se trata de estar tan cerca o tan lejos, se trata de vivir y agradecer.
“Quien tiene la grandeza frente a sus ojos y no la ve, vivirá condenado a no apreciarla.”
Liliana Zentella
Colaboradora de Empresa Positiva® y co-fundadora de la iniciativa Potencial Valiente
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Sabes lo que vale tu dinero, hasta que te dicen que lo perdiste…
Por Federico Vázquez Elizondo
Los contratos de inversión y negocios de riesgo, no son nuevos; generalmente contienen el ingrediente de “atractivos” rendimientos. Las nuevas propuestas de cripto y su auge, atraen a nuevos jugadores en la apuesta de tener mejores frutos que la banca tradicional de ahorro o de inversión “segura”.
Si te invitan a ser inversionista de un proyecto de alto rendimiento, siempre pregunta por tu contrato, y dentro de las condiciones, revisa el riesgo de perderlo todo, o en su caso, de poder recuperarlo.
Es común escuchar el refrán “el que no arriesga, no gana”, solo agregaría, para arriesgar en la vida, debes haber “entrenado” tus habilidades para reaccionar de inmediato ante el riesgo inminente, eso opera para tus actividades que impliquen un contrato, (incluido el matrimonio, sin “noviar” primero, asumes todos los riesgos).
Lee siempre tus contratos, y si te da flojera, acércate con los profesionales antes de poner en riesgo tu patrimonio.
El autor es Director de Grupo Santa Sofía, cuenta con un Doctorado en Administración Internacional, Maestría en Derecho de las Telecomunicaciones y TICs, así como una Maestría en Derecho de los Negocios.
Federicovazquez@gruposantasofia.com
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La universidad de la vida
Por Dr. Francisco Cuauhtémoc Frías Castro.
Hace varios años, en el contexto de una campaña política, un líder obrero, expresó que él no tenía título universitario, agregando que se había formado en lo que denominó “Universidad de la vida”. Reflexionando sobre esta expresión, desde luego, la interpreté en distintas maneras; en forma inicial pensé que el personaje político intentó con la frase aludida, justificar ante la sociedad su falta de estudios universitarios, aún cuando el cargo no requería de título académico alguno; después creí que se trataba de colocar el factor experiencia como elemento esencial de quien aspira a ocupar un cargo público; hoy, con el transcurrir de los años, estoy convencido que esa expresión tiene un significado más profundo y de mayor impacto en la formación integral de las personas, incluso sobre la formación académica.
Agrego que para llegar a esta conclusión, lo hago incluyendo en mi personal consideración, la reflexión sobre otra expresión, aludida con cierta frecuencia en el ámbito educativo, sobre todo al estar frente a padres de familia, esta expresión es “el hogar es la primera escuela y esta (la escuela), es el segundo hogar”.
Estoy consciente de que ambas expresiones tienen para cada persona, múltiples interpretaciones, sin embargo, el ámbito de consideración es tan amplio, tanto como el concepto mismo de educación, que solo me ocuparé del que a mi juicio es importante precisar, que es el que se refiere a los “buenos hábitos”.
Sin duda que el término educación es tan amplio y complejo, que incluye los aprendizajes escolares y también los que se adquieren en el hogar y en la convivencia social. El deslinde de cada ámbito no es tarea fácil, mucho menos asunto concluido; dicho lo anterior, cito expresiones que nos ilustran sobre este tema, atribuidas al ex presidente de Uruguay José Mujica, “no le pidamos al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar”, agregando, “En la casa se aprende a: saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado y, continúa, en la Escuela se aprende: matemáticas, lenguaje, ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado a sus hijos.” Hasta aquí la cita.
En otras palabras, el legado de padre y madre, se sustenta en su propia herencia, recibida de sus progenitores, y es lo que acompaña al concepto “Universidad de la Vida”, siendo tan o más importante que el aprendizaje escolar en la formación de cada persona.
Hoy, el sistema educativo está en el centro del debate nacional respecto de aspectos que poco impactan la calidad educativa, sin ocuparse de la parte del aprendizaje extra escolar, sustancial en la formación de los educandos. Corresponde a padres y madres cumplir con su parte y sentirse graduados de la “Universidad de la vida”.
El autor es Doctor en Derecho con amplia experiencia en el sector público y privado.
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Sé una persona positiva y sé optimista
Por Jorge Cárdenas
Alguna vez escuché la frase, como la del titulo de esta lectura: “Sé una persona positiva y sé optimista”… ¿pero realmente que es ser positivo? ¿acaso ser optimista influye en mejor forma en nuestra vida?
Todos buscamos lo mejor para nosotros pero, ¿que tanto hacemos para cambiar nuestra situación o sencillamente estamos consientes de que nuestra actitud ante la vida puede influir para bien o para mal nuestra existencia?
Primeramente definamos que es “ser positivo” y que es “ser optimista” entonces podremos comprender si son sinónimos o si realmente existe alguna diferencia entre estos dos términos que escuchamos muy a menudo.
Sin entrar en detalles técnicos, esto sería para mi lo que es el ser “positivo”: Es alguien que ve lo agradable del todo, vive y siente el presente, sabe que no todo es perfecto, preciso, pero sin embargo, ve o busca la oportunidad, para aprovecharla y tener un mejor futuro. Tener una mentalidad positiva es sinónimo de fortaleza mental. Es tener flexibilidad y estar consiente que se puede presentar un cambio, un aprendizaje en cada situación, en pro de seguir avanzando, para así lograr el objetivo previamente establecido. Ser positivos es estar consiente que la estabilidad no existe, en cualquier momento se puede presentar el caos, entonces una persona positiva buscará resolver de mejor manera para así convertirlo en experiencia.
Si pudiera mostrar un ejemplo, como arquitecto sería este: Mi cliente me contrata para elaborar su proyecto. Estoy consiente de que puede haber cambios. Tal vez el resultado no será el que como arquitecto haya pensado desde un inicio pero estaré abierto a recibir nuevas opiniones que dentro de mi burbuja de arquitecto no podía ver. Entonces trataré de publicar y promocionar el resultado del proyecto para atraer nuevos prospectos.
En cambio, “ser optimista” es crear expectativas donde todo “está bien”. Se vive en un mundo irreal donde se desea la perfección, donde no ocurra nada no planeado. No existe el “plan b”. Ser optimista no acepta flexibilidad porque -en teoría- todo “saldrá bien”. Todo es cuadrado y no existe el constaste de colores, ni siquiera entre el blanco y el negro, solo desea que sea el tono que lo conforte según sus planes. El optimismo tiene como frontera una línea muy delgada el deseo y la frustración.
Mostrando el mismo ejemplo anterior. “Ser optimista” sería algo así: El cliente quiere un proyecto. Deseo que el cliente acepte mi propuesta. No habrá cambios y el resultado final será tal como me lo imaginé. Siendo optimista, tendré más clientes y todo “saldrá bien”.
Entonces, ¿que actitud debemos tomar ante la vida? “Ser positivo”, “ser optimista” ¿o ambas?
Ambas definitivamente se descarta porque entre los dos términos se contradicen. Ambos actitudes pueden coexistir con apenas rozarse pero sin llegar a mezclarse. Entonces, ¿preferimos vivir en un mundo real o en un mundo de deseos donde todo estará bien? Ambas son actitudes completamente válidas pero la primera te prepara mejor ante la vida. Te crea una armadura mental. Eres un imán para las demás personas. Aun así, nunca criticaré el optimismo, porque alguna vez cada uno de nosotros deseamos que todo “salga bien”. Al fin y al cabo ese es el propósito de nuestra vida: Que al final de nuestro tiempo todo “salga bien” para nosotros y los nuestros.
Me rebota esta frase una y otra vez en mi mente: “Sé una persona positiva y sé optimista”. Trato de ser “positivo” pero evito ser “optimista”. Trato de abrirme al hecho que puedo resolver cada situación conforme se vaya presentando pero intento no hacerme expectativas de cómo pueden suceder las cosas. Entiendo de que no todo “saldrá bien” pero estoy consiente que aprenderé y seré mejor persona para así aprovecharlo en un futuro.
Y tu, ¿quieres “ser positivo” o “ser optimista”?
Jorge Cárdenas
Jorge Cárdenas es arquitecto, fundador y actual director de Diez y Nueve Grados Arquitectos. Empresa dedicada al diseño y construcción de diversos proyectos inmobiliarios. Es egresado de Lic. de Arquitectura en la Universidad Regiomontana.
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