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Sé una persona positiva y sé optimista

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Por Jorge Cárdenas

Alguna vez escuché la frase, como la del titulo de esta lectura: “Sé una persona positiva y sé optimista”… ¿pero realmente que es ser positivo? ¿acaso ser optimista influye en mejor forma en nuestra vida?


Todos buscamos lo mejor para nosotros pero, ¿que tanto hacemos para cambiar nuestra situación o sencillamente estamos consientes de que nuestra actitud ante la vida puede influir para bien o para mal nuestra existencia?

Primeramente definamos que es “ser positivo” y que es “ser optimista” entonces podremos comprender si son sinónimos o si realmente existe alguna diferencia entre estos dos términos que escuchamos muy a menudo.

Sin entrar en detalles técnicos, esto sería para mi lo que es el ser “positivo”: Es alguien que ve lo agradable del todo, vive y siente el presente, sabe que no todo es perfecto, preciso, pero sin embargo, ve o busca la oportunidad, para aprovecharla y tener un mejor futuro. Tener una mentalidad positiva es sinónimo de fortaleza mental. Es tener flexibilidad y estar consiente que se puede presentar un cambio, un aprendizaje en cada situación, en pro de seguir avanzando, para así lograr el objetivo previamente establecido. Ser positivos es estar consiente que la estabilidad no existe, en cualquier momento se puede presentar el caos, entonces una persona positiva buscará resolver de mejor manera para así convertirlo en experiencia.


Si pudiera mostrar un ejemplo, como arquitecto sería este: Mi cliente me contrata para elaborar su proyecto. Estoy consiente de que puede haber cambios. Tal vez el resultado no será el que como arquitecto haya pensado desde un inicio pero estaré abierto a recibir nuevas opiniones que dentro de mi burbuja de arquitecto no podía ver. Entonces trataré de publicar y promocionar el resultado del proyecto para atraer nuevos prospectos.

En cambio, “ser optimista” es crear expectativas donde todo “está bien”. Se vive en un mundo irreal donde se desea la perfección, donde no ocurra nada no planeado. No existe el “plan b”. Ser optimista no acepta flexibilidad porque -en teoría- todo “saldrá bien”. Todo es cuadrado y no existe el constaste de colores, ni siquiera entre el blanco y el negro, solo desea que sea el tono que lo conforte según sus planes. El optimismo tiene como frontera una línea muy delgada el deseo y la frustración.
Mostrando el mismo ejemplo anterior. “Ser optimista” sería algo así: El cliente quiere un proyecto. Deseo que el cliente acepte mi propuesta. No habrá cambios y el resultado final será tal como me lo imaginé. Siendo optimista, tendré más clientes y todo “saldrá bien”.

Entonces, ¿que actitud debemos tomar ante la vida? “Ser positivo”, “ser optimista” ¿o ambas?
Ambas definitivamente se descarta porque entre los dos términos se contradicen. Ambos actitudes pueden coexistir con apenas rozarse pero sin llegar a mezclarse. Entonces, ¿preferimos vivir en un mundo real o en un mundo de deseos donde todo estará bien? Ambas son actitudes completamente válidas pero la primera te prepara mejor ante la vida. Te crea una armadura mental. Eres un imán para las demás personas. Aun así, nunca criticaré el optimismo, porque alguna vez cada uno de nosotros deseamos que todo “salga bien”. Al fin y al cabo ese es el propósito de nuestra vida: Que al final de nuestro tiempo todo “salga bien” para nosotros y los nuestros.

Me rebota esta frase una y otra vez en mi mente: “Sé una persona positiva y sé optimista”. Trato de ser “positivo” pero evito ser “optimista”. Trato de abrirme al hecho que puedo resolver cada situación conforme se vaya presentando pero intento no hacerme expectativas de cómo pueden suceder las cosas. Entiendo de que no todo “saldrá bien” pero estoy consiente que aprenderé y seré mejor persona para así aprovecharlo en un futuro.

Y tu, ¿quieres “ser positivo” o “ser optimista”?

Jorge Cárdenas

Jorge Cárdenas es arquitecto, fundador y actual director de Diez y Nueve Grados Arquitectos. Empresa dedicada al diseño y construcción de diversos proyectos inmobiliarios. Es egresado de Lic. de Arquitectura en la Universidad Regiomontana.

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Sabes lo que vale tu dinero, hasta que te dicen que lo perdiste…

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Por Federico Vázquez Elizondo

Los contratos de inversión y negocios de riesgo, no son nuevos; generalmente contienen el ingrediente de “atractivos” rendimientos. Las nuevas propuestas de cripto y su auge, atraen a nuevos jugadores en la apuesta de tener mejores frutos que la banca tradicional de ahorro o de inversión “segura”.

Si te invitan a ser inversionista de un proyecto de alto rendimiento, siempre pregunta por tu contrato, y dentro de las condiciones, revisa el riesgo de perderlo todo, o en su caso, de poder recuperarlo.

Es común escuchar el refrán “el que no arriesga, no gana”, solo agregaría, para arriesgar en la vida, debes haber “entrenado” tus habilidades para reaccionar de inmediato ante el riesgo inminente, eso opera para tus actividades que impliquen un contrato, (incluido el matrimonio, sin “noviar” primero, asumes todos los riesgos).

Lee siempre tus contratos, y si te da flojera, acércate con los profesionales antes de poner en riesgo tu patrimonio.

El autor es Director de Grupo Santa Sofía, cuenta con un Doctorado en Administración Internacional, Maestría en Derecho de las Telecomunicaciones y TICs, así como una Maestría en Derecho de los Negocios.

Federicovazquez@gruposantasofia.com

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La universidad de la vida

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Por Dr. Francisco Cuauhtémoc Frías Castro.

Hace varios años, en el contexto de una campaña política, un líder obrero, expresó que él no tenía título universitario, agregando que se había formado en lo que denominó “Universidad de la vida”. Reflexionando sobre esta expresión, desde luego, la interpreté en distintas maneras; en forma inicial pensé que el personaje político intentó con la frase aludida, justificar ante la sociedad su falta de estudios universitarios, aún cuando el cargo no requería de título académico alguno; después creí que se trataba de colocar el factor experiencia como elemento esencial de quien aspira a ocupar un cargo público; hoy, con el transcurrir de los años, estoy convencido que esa expresión tiene un significado más profundo y de mayor impacto en la formación integral de las personas, incluso sobre la formación académica.


Agrego que para llegar a esta conclusión, lo hago incluyendo en mi personal consideración, la reflexión sobre otra expresión, aludida con cierta frecuencia en el ámbito educativo, sobre todo al estar frente a padres de familia, esta expresión es “el hogar es la primera escuela y esta (la escuela), es el segundo hogar”.

Estoy consciente de que ambas expresiones tienen para cada persona, múltiples interpretaciones, sin embargo, el ámbito de consideración es tan amplio, tanto como el concepto mismo de educación, que solo me ocuparé del que a mi juicio es importante precisar, que es el que se refiere a los “buenos hábitos”.

Sin duda que el término educación es tan amplio y complejo, que incluye los aprendizajes escolares y también los que se adquieren en el hogar y en la convivencia social. El deslinde de cada ámbito no es tarea fácil, mucho menos asunto concluido; dicho lo anterior, cito expresiones que nos ilustran sobre este tema, atribuidas al ex presidente de Uruguay José Mujica, “no le pidamos al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar”, agregando, “En la casa se aprende a: saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado y, continúa, en la Escuela se aprende: matemáticas, lenguaje, ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado a sus hijos.” Hasta aquí la cita.


En otras palabras, el legado de padre y madre, se sustenta en su propia herencia, recibida de sus progenitores, y es lo que acompaña al concepto “Universidad de la Vida”, siendo tan o más importante que el aprendizaje escolar en la formación de cada persona.


Hoy, el sistema educativo está en el centro del debate nacional respecto de aspectos que poco impactan la calidad educativa, sin ocuparse de la parte del aprendizaje extra escolar, sustancial en la formación de los educandos. Corresponde a padres y madres cumplir con su parte y sentirse graduados de la “Universidad de la vida”.

El autor es Doctor en Derecho con amplia experiencia en el sector público y privado.

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Segundas oportunidades

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Por Cecilia Zaragoza Peña

La vida es una caja llena de sorpresas totalmente inesperadas, no todas nos van a gustar y el camino más fácil siempre será echarle la culpa a las circunstancias y las personas que nos rodean. ¿Qué tan capaces somos de volver a empezar sin el temor de volvernos a equivocar?, ¿quién asegura que ahora si saldremos triunfantes de aquella experiencia que tanto problema nos trajo?

La verdad de las cosas es que no sabemos si volveremos a caer, pero si analizamos a detalle que es lo que no queremos repetir y trabajamos en ello como un firme propósito será más sencillo no repetir patrones. Si, suena al refrán “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” pero déjame decirte que, si piensas de esa manera, ahora sí que nunca sabrás que es lo que realmente pudo haber pasado, lo peor que puede suceder es no saber a tener esa incógnita del “hubiera” que evidentemente no existe.

El camino no es fácil, implica mucho sacrificio, que si todo sale como uno quiere valdrá la pena trabajar en ello. No será de la noche a la mañana y tendremos que ser muy resilientes, porque incluso en el transcurso de euforia que nuestras emociones nos mostrarán por querer cambiarlo todo, se nos pondrán piedritas que nos pondrán a prueba nuestra capacidad de adaptación.

Además, dentro de nuestro caminar tendremos que aprender a desaprender y salir de nuestra zona de confort, porque aún y dentro de las situaciones más difíciles somos capaces de conformarnos con tal de no batallar más, como dirían muchos “hay peores cosas, no es para tanto”. El factor sorpresa es que, si amerita nuestro esfuerzo y dedicación, al final los más beneficiados seremos nosotros, ya sea que los resultados sean satisfactorios o decepcionantes, nos queda una lección que si sabemos aplicarla con éxito en nuestra vida podemos decir que si valió la pena.

El peor juez que existe en estas segundas oportunidades no son los demás, somos nosotros mismos porque solo nosotros sabemos hasta donde somos capaces de llegar y que tanto sacrificamos. No es una cuestión de ir a gritarle al mundo que lo lograste, y si quieres hacerlo adelante nadie te detiene, pero de nada sirve los aplausos de los demás que muchas veces son más falsos de un billete de 38 pesos. La cuestión es, si vuelves a caer, justamente aquellos que aparentemente te felicitaron muy efusivamente serán los primeros en juzgarte y contados con los dedos de la mano los que sigan a tu lado apoyándote a pesar de los fracasos.

Volver a empezar implica ser fuerte, y aún y cuando todo salga como tú te lo imaginabas, quizá es necesario volver a empezar, tal vez no necesariamente en eso en específico, pero si en otras cuestiones. A eso se le llama vivir, aprender a disfrutar de todos aquellos pequeños momentos de gloria y ¿por qué no? los no tan gloriosos, pero sin esos nunca sabremos de que estamos hechos.

¡No tengas miedo de reescribir tu vida, aprende a disfrutar de las sorpresas que la caja nos da, porque es eso precisamente lo que nos hace ser humanos, a eso venimos, a vivir!

Cecilia Zaragoza Peña es fundadora de la Revista de Negocios Business 4.0, una plataforma multilateral con enfoque de negocios, marketing, tecnología, emprendimiento, desarrollo personal, educación y más. Estudió Licenciatura en Ciencias de la Información y Comunicación en la UDEM. Cuenta con 10 años de experiencia en medios y en el 2009 ayudó a la realización del Censo en EU en Kankakee, Illinois creando una relación más estrecha con la población latinoamericana. En el 2017 inicia la creación de una revista de negocios llamada Pivot donde además fungió también como su Directora Editorial.

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