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Mose: la resiliencia italiana silenciosa

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Massimo V. Malavolti

Propietario y Editor en Jefe de Reconal Ediciones SL

Venecia es una ciudad magnífica, quienes han tenido la suerte de visitarla saben que, aunque sólo sea por unos días, merece un viaje desde cualquier parte del mundo. Venecia sufre, desde sus orígenes, el problema de la “acqua alta” (aguas altas), las inundaciones periódicas de las aguas del mar Adriático, cuando la marea alta y el viento sur (Scirocco) trabajan conjuntamente. Es una situación típica, que a lo largo de los años ha empeorado, porque la ciudad, construida sobre la arena de la laguna, baja unas fracciones de milímetro año tras año (“subsidenza”, hundimiento).

La acqua alta siempre genera daños en el patrimonio arquitectónico, artístico y económico: se instalan pasarelas móviles para hacer accesible a las personas las “calli” (los andaderos) y plazas de la ciudad, se inundan calles, plazas, tiendas, bares, restaurantes y todo lo que se encuentra en la planta baja, incluyendo los edificios monumentales que caracterizan la ciudad.


Además, acelera el fenómeno del hundimiento.

Mientras escribo, tengo dudas sobre si utilizar el tiempo verbal presente: gracias al genio y al coraje de un grupo de diseñadores, empresas y trabajadores italianos -y sí, también algunos políticos con visión de futuro (que en su mayoría no han tenido la oportunidad de ver su sueño hecho realidad)- probablemente sería más correcto utilizar el tiempo pasado.

Por cuarta vez, en este de otras maneras terrible 2020, el Mose -la obra que se imaginó, diseñó y acaba de construirse y ponerse en marcha para proteger a Venecia del mar: véase también en www.mosevenezia.eu- ha evitado que el agua alta invada la ciudad.

Para aquellos que piensan en Venecia como un pequeño pueblo (o un hotel de lujo estilo Los Ángeles), me gusta señalar que es una ciudad con más de 250 mil habitantes, un cuarto de los cuales viven en el centro histórico, entre los canales de la laguna: www.conoscerevenezia.it).


Y que el Mose no es una “infraestructura”, aunque compleja. El Mose – me explica un amigo con el que estoy en contacto “electrónico”, Gian Paolo Colato- es una “instalación”. La más grande de cualquier otra en el mundo (no me olvidaría del Canal de Panamá, lo corregiré): una instalación de 30 km de largo (distancia entre Treporti y Chioggia) y que cubre un área de 550 kilómetros cuadrados.


Si se tratara de una “simple” infraestructura, como un puente o un ferrocarril, probablemente sería excesivo escribir sobre ella y dar a conocer su éxito. Pero una instalación de este tipo, en términos de tamaño y propósito, ha requerido en cambio un esfuerzo de superación y una actitud, una confianza en la capacidad de abordar y resolver problemas, teóricos y prácticos, extraordinarios. Por ejemplo, todo tuvo que estar perfectamente completo para funcionar (en general, es impensable abrir una  instalación en tramos, como para un enlace de carretera o un tramo de ferrocarril, por ejemplo); como toda instalación, necesitó un período de puesta a punto (en una infraestructura, después del corte de la cinta, todo ya es plenamente funcional). En el caso del Mose, además, la instalación debe reaccionar de manera flexible e inteligente a diversos factores variables continuamente, mareas, vientos, variaciones de temperatura, en un entorno extremadamente agresivo, entre mar, arena, corrientes, aire, olas y salpicaduras; y para detener un fenómeno único, el “agua alta”, y no el mar ni el acceso a la ciudad, ni las corrientes que recambian el agua de sus canales, ni siquiera las mareas “normales”.
En resumen, una obra que probablemente no iguala la magnificencia de los urbanistas y arquitectos que han pensado y diseñado y construido esa obra maestra única que es Venecia, pero que reconfirma, en este año tan difícil, nuestra capacidad de resiliencia, reacción y solución de problemas difíciles.

Ah, claro, somos seres humanos y por supuesto, ha habido errores, y muchos, en la gestión (sobre todo financiera) de la obra, ¡pero esto es otra cosa!

Massimo V. Malavolti

Propietario y Editor en Jefe de Reconal Ediciones SL

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Sabes lo que vale tu dinero, hasta que te dicen que lo perdiste…

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Por Federico Vázquez Elizondo

Los contratos de inversión y negocios de riesgo, no son nuevos; generalmente contienen el ingrediente de “atractivos” rendimientos. Las nuevas propuestas de cripto y su auge, atraen a nuevos jugadores en la apuesta de tener mejores frutos que la banca tradicional de ahorro o de inversión “segura”.

Si te invitan a ser inversionista de un proyecto de alto rendimiento, siempre pregunta por tu contrato, y dentro de las condiciones, revisa el riesgo de perderlo todo, o en su caso, de poder recuperarlo.

Es común escuchar el refrán “el que no arriesga, no gana”, solo agregaría, para arriesgar en la vida, debes haber “entrenado” tus habilidades para reaccionar de inmediato ante el riesgo inminente, eso opera para tus actividades que impliquen un contrato, (incluido el matrimonio, sin “noviar” primero, asumes todos los riesgos).

Lee siempre tus contratos, y si te da flojera, acércate con los profesionales antes de poner en riesgo tu patrimonio.

El autor es Director de Grupo Santa Sofía, cuenta con un Doctorado en Administración Internacional, Maestría en Derecho de las Telecomunicaciones y TICs, así como una Maestría en Derecho de los Negocios.

Federicovazquez@gruposantasofia.com

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La universidad de la vida

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Por Dr. Francisco Cuauhtémoc Frías Castro.

Hace varios años, en el contexto de una campaña política, un líder obrero, expresó que él no tenía título universitario, agregando que se había formado en lo que denominó “Universidad de la vida”. Reflexionando sobre esta expresión, desde luego, la interpreté en distintas maneras; en forma inicial pensé que el personaje político intentó con la frase aludida, justificar ante la sociedad su falta de estudios universitarios, aún cuando el cargo no requería de título académico alguno; después creí que se trataba de colocar el factor experiencia como elemento esencial de quien aspira a ocupar un cargo público; hoy, con el transcurrir de los años, estoy convencido que esa expresión tiene un significado más profundo y de mayor impacto en la formación integral de las personas, incluso sobre la formación académica.


Agrego que para llegar a esta conclusión, lo hago incluyendo en mi personal consideración, la reflexión sobre otra expresión, aludida con cierta frecuencia en el ámbito educativo, sobre todo al estar frente a padres de familia, esta expresión es “el hogar es la primera escuela y esta (la escuela), es el segundo hogar”.

Estoy consciente de que ambas expresiones tienen para cada persona, múltiples interpretaciones, sin embargo, el ámbito de consideración es tan amplio, tanto como el concepto mismo de educación, que solo me ocuparé del que a mi juicio es importante precisar, que es el que se refiere a los “buenos hábitos”.

Sin duda que el término educación es tan amplio y complejo, que incluye los aprendizajes escolares y también los que se adquieren en el hogar y en la convivencia social. El deslinde de cada ámbito no es tarea fácil, mucho menos asunto concluido; dicho lo anterior, cito expresiones que nos ilustran sobre este tema, atribuidas al ex presidente de Uruguay José Mujica, “no le pidamos al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar”, agregando, “En la casa se aprende a: saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado y, continúa, en la Escuela se aprende: matemáticas, lenguaje, ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado a sus hijos.” Hasta aquí la cita.


En otras palabras, el legado de padre y madre, se sustenta en su propia herencia, recibida de sus progenitores, y es lo que acompaña al concepto “Universidad de la Vida”, siendo tan o más importante que el aprendizaje escolar en la formación de cada persona.


Hoy, el sistema educativo está en el centro del debate nacional respecto de aspectos que poco impactan la calidad educativa, sin ocuparse de la parte del aprendizaje extra escolar, sustancial en la formación de los educandos. Corresponde a padres y madres cumplir con su parte y sentirse graduados de la “Universidad de la vida”.

El autor es Doctor en Derecho con amplia experiencia en el sector público y privado.

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Sé una persona positiva y sé optimista

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Por Jorge Cárdenas

Alguna vez escuché la frase, como la del titulo de esta lectura: “Sé una persona positiva y sé optimista”… ¿pero realmente que es ser positivo? ¿acaso ser optimista influye en mejor forma en nuestra vida?


Todos buscamos lo mejor para nosotros pero, ¿que tanto hacemos para cambiar nuestra situación o sencillamente estamos consientes de que nuestra actitud ante la vida puede influir para bien o para mal nuestra existencia?

Primeramente definamos que es “ser positivo” y que es “ser optimista” entonces podremos comprender si son sinónimos o si realmente existe alguna diferencia entre estos dos términos que escuchamos muy a menudo.

Sin entrar en detalles técnicos, esto sería para mi lo que es el ser “positivo”: Es alguien que ve lo agradable del todo, vive y siente el presente, sabe que no todo es perfecto, preciso, pero sin embargo, ve o busca la oportunidad, para aprovecharla y tener un mejor futuro. Tener una mentalidad positiva es sinónimo de fortaleza mental. Es tener flexibilidad y estar consiente que se puede presentar un cambio, un aprendizaje en cada situación, en pro de seguir avanzando, para así lograr el objetivo previamente establecido. Ser positivos es estar consiente que la estabilidad no existe, en cualquier momento se puede presentar el caos, entonces una persona positiva buscará resolver de mejor manera para así convertirlo en experiencia.


Si pudiera mostrar un ejemplo, como arquitecto sería este: Mi cliente me contrata para elaborar su proyecto. Estoy consiente de que puede haber cambios. Tal vez el resultado no será el que como arquitecto haya pensado desde un inicio pero estaré abierto a recibir nuevas opiniones que dentro de mi burbuja de arquitecto no podía ver. Entonces trataré de publicar y promocionar el resultado del proyecto para atraer nuevos prospectos.

En cambio, “ser optimista” es crear expectativas donde todo “está bien”. Se vive en un mundo irreal donde se desea la perfección, donde no ocurra nada no planeado. No existe el “plan b”. Ser optimista no acepta flexibilidad porque -en teoría- todo “saldrá bien”. Todo es cuadrado y no existe el constaste de colores, ni siquiera entre el blanco y el negro, solo desea que sea el tono que lo conforte según sus planes. El optimismo tiene como frontera una línea muy delgada el deseo y la frustración.
Mostrando el mismo ejemplo anterior. “Ser optimista” sería algo así: El cliente quiere un proyecto. Deseo que el cliente acepte mi propuesta. No habrá cambios y el resultado final será tal como me lo imaginé. Siendo optimista, tendré más clientes y todo “saldrá bien”.

Entonces, ¿que actitud debemos tomar ante la vida? “Ser positivo”, “ser optimista” ¿o ambas?
Ambas definitivamente se descarta porque entre los dos términos se contradicen. Ambos actitudes pueden coexistir con apenas rozarse pero sin llegar a mezclarse. Entonces, ¿preferimos vivir en un mundo real o en un mundo de deseos donde todo estará bien? Ambas son actitudes completamente válidas pero la primera te prepara mejor ante la vida. Te crea una armadura mental. Eres un imán para las demás personas. Aun así, nunca criticaré el optimismo, porque alguna vez cada uno de nosotros deseamos que todo “salga bien”. Al fin y al cabo ese es el propósito de nuestra vida: Que al final de nuestro tiempo todo “salga bien” para nosotros y los nuestros.

Me rebota esta frase una y otra vez en mi mente: “Sé una persona positiva y sé optimista”. Trato de ser “positivo” pero evito ser “optimista”. Trato de abrirme al hecho que puedo resolver cada situación conforme se vaya presentando pero intento no hacerme expectativas de cómo pueden suceder las cosas. Entiendo de que no todo “saldrá bien” pero estoy consiente que aprenderé y seré mejor persona para así aprovecharlo en un futuro.

Y tu, ¿quieres “ser positivo” o “ser optimista”?

Jorge Cárdenas

Jorge Cárdenas es arquitecto, fundador y actual director de Diez y Nueve Grados Arquitectos. Empresa dedicada al diseño y construcción de diversos proyectos inmobiliarios. Es egresado de Lic. de Arquitectura en la Universidad Regiomontana.

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