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Innovación: estilo de vida dentro de una cultura de trabajo
Por Ing. Pedro Castillo, colaborador de Empresa Positiva®, es Managing Director para México & LATAM en TTX y Socio Fundador en INQ Strategic Partners, con más de 25 años de experiencia en diversas industrias.
¿Prefieres crear muy buenos recuerdos de vida o vivir dentro de sueños perfectos?
La innovación es el motor de cambio que ha acelerado la revolución industrial en el mundo, conforme un sector de la industria avanza en su progreso va arrastrando a empresas y profesionales hacia nuevas estrategias, nuevos productos y servicios para mantenerse activamente en el juego.
El concepto se mantiene en boca de conferencistas y referentes como un elemento clave para proyectarse al futuro, muchas empresas lo mantienen en un discurso constante buscando justificar valores intangibles de tendencia, aunque en la práctica los resultados hablan por sí solos.
Con solo prestar atención a las conferencias y discursos que mencionan este tema se identifica a quienes realmente cuentan con experiencia en el tema, y no solo conocimiento, se vuelve visible quienes realmente viven dentro de una cultura de trabajo innovadora abrazando la misma como un estilo de vida.
De manera recurrente, lamentablemente, la innovación es simplificada y descrita como un botón que se puede activar/desactivar con solo tener las ganas de hacerlo, cuando una analogía a esta referencia sería decir que puedes completar un maratón 42K mañana con solo empezar a correr hoy.
Antes de que me prendan fuego, permítanme completar la analogía. Las personas que disfrutan del fascinante, y muy admirable, pasatiempo de participar en maratones (mencionando que tengo el honor de conocer a varios e incluso a nivel de haber logrado completar los 6 maratones Majors), inmediatamente pondrán sobre la mesa algunos ingredientes principales para que un novato pueda un día completar uno: “NO es un pasatiempo es un estilo de vida, debes prepararte, debes tener disciplina, debes tener constancia, debes tomarlo con seriedad, debes entrenar, debes rodearte de personas con tu mismo estilo de vida y disciplina, debes mentalizarte en todo esto, y en más cosas, antes de dar el primer paso hacia tu primera práctica, en palabras regias y resumidas: debes dejarte de tonterías o te lastimarás (en el ego y en lo físico)”.
El objetivo principal no es llegar a una meta, sino mantener activa tu constante preparación para llegar a muchas y diversas metas.
La innovación también requiere de preparación, investigación, conocer el mercado, los productos, las limitantes, las necesidades, entre muchas cosas más que se resumen en un estilo de vida con Disciplina. La innovación no puede ser delegada a un solo equipo de trabajo o departamento, requiere de la participación de todas las personas dentro de una empresa, especialistas en su especialidad, detallistas en sus detalles, visión 360, una actitud que se carga en todas las actividades del día, en todo momento.
Las empresas deben propiciar un ambiente de innovación para que las ideas de las personas puedan potenciarse, donde el status quo principal sea crear y mejorar, impulsando una cultura de lectura diaria en diversidad de temas técnicos y administrativos, analizar y entender las tendencias actuales, pero, principalmente, analizar las oportunidades de crear nuevas tendencias.
La innovación no es un objetivo o meta, es un vehículo de transporte hacia alguna meta establecida o en constante movimiento, cuyo resultado positivo validará que pueda etiquetarse como tal.
Cuando erróneamente la meta es Innovar, en realidad se está apuntando a obtener como resultado un Desarrollo producto de una Investigación, que puede ser una muy buena idea que puede no tener una aplicación factible. Hay un sinfín de Desarrollos teóricos en papel, guardados en cajones y/o prototipos almacenados, mientras que las Innovaciones son las que se encuentran en perfecto uso y dando beneficios a usuarios y creadores.
En la industria trabajamos para desarrollar soluciones a la medida de los clientes, en muchas ocasiones los retos que una oportunidad presenta otorgan dos posibilidades para enfrentarlos: encontrar un camino alrededor de los retos o desarrollar una solución aplicable que los resuelvan y/o simplifiquen. Cuando se opta por tomar la segunda posibilidad se le llama Innovación. Para innovar se requiere estar dentro de una cultura de trabajo que impulse la oportunidad de desarrollar conceptos fuera de la caja, analizar y cuantificar sus posibilidades, evitando a toda costa los factores detractores de mentes innovadoras.
No todos los clientes están dispuestos a pagar por una innovación, o desarrollarla, por diversas razones, siendo la principal no tener la confianza de poner en manos de un tercero algo fuera de su especialidad, tomando el camino seguro de continuar con lo que ya conocen. Existen mecanismos de trabajo que permiten el desarrollo de innovaciones trabajando en conjunto, pero ese es un tópico muy amplio para platicar en una siguiente ocasión.
Materializar nuevas ideas, que puedan ser aplicadas, requiere de preparación, tiempo y paciencia, perseguirlas es un estilo de vida que debe mantener un muy alto positivismo ante los ataques y críticas de terceros, tanto constructivas como de quienes prefieren enfocarse únicamente en optimizar las cosas que ya funcionan.
Un muy buen amigo repite constantemente una frase con la que invita a llevar las cosas al siguiente nivel en la vida: “Muere con recuerdos, no con sueños”. Lo mismo aplica con la innovación.
Pedro Castillo actualmente trabaja en TTX como Managing Director para México & LATAM y es Socio Fundador en INQ Strategic Partners, LLC, cuenta con más de 25 años de experiencia en diversas industrias. Pedro es fundador y colaborador en asociaciones e iniciativas altruistas, siendo Empresa Positiva® una de ellas, a la vez de participar en Consejos de Administración. Pedro actualmente radica en Green Bay, Wisconsin, Estados Unidos.
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Sabes lo que vale tu dinero, hasta que te dicen que lo perdiste…
Por Federico Vázquez Elizondo
Los contratos de inversión y negocios de riesgo, no son nuevos; generalmente contienen el ingrediente de “atractivos” rendimientos. Las nuevas propuestas de cripto y su auge, atraen a nuevos jugadores en la apuesta de tener mejores frutos que la banca tradicional de ahorro o de inversión “segura”.
Si te invitan a ser inversionista de un proyecto de alto rendimiento, siempre pregunta por tu contrato, y dentro de las condiciones, revisa el riesgo de perderlo todo, o en su caso, de poder recuperarlo.
Es común escuchar el refrán “el que no arriesga, no gana”, solo agregaría, para arriesgar en la vida, debes haber “entrenado” tus habilidades para reaccionar de inmediato ante el riesgo inminente, eso opera para tus actividades que impliquen un contrato, (incluido el matrimonio, sin “noviar” primero, asumes todos los riesgos).
Lee siempre tus contratos, y si te da flojera, acércate con los profesionales antes de poner en riesgo tu patrimonio.
El autor es Director de Grupo Santa Sofía, cuenta con un Doctorado en Administración Internacional, Maestría en Derecho de las Telecomunicaciones y TICs, así como una Maestría en Derecho de los Negocios.
Federicovazquez@gruposantasofia.com
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La universidad de la vida
Por Dr. Francisco Cuauhtémoc Frías Castro.
Hace varios años, en el contexto de una campaña política, un líder obrero, expresó que él no tenía título universitario, agregando que se había formado en lo que denominó “Universidad de la vida”. Reflexionando sobre esta expresión, desde luego, la interpreté en distintas maneras; en forma inicial pensé que el personaje político intentó con la frase aludida, justificar ante la sociedad su falta de estudios universitarios, aún cuando el cargo no requería de título académico alguno; después creí que se trataba de colocar el factor experiencia como elemento esencial de quien aspira a ocupar un cargo público; hoy, con el transcurrir de los años, estoy convencido que esa expresión tiene un significado más profundo y de mayor impacto en la formación integral de las personas, incluso sobre la formación académica.
Agrego que para llegar a esta conclusión, lo hago incluyendo en mi personal consideración, la reflexión sobre otra expresión, aludida con cierta frecuencia en el ámbito educativo, sobre todo al estar frente a padres de familia, esta expresión es “el hogar es la primera escuela y esta (la escuela), es el segundo hogar”.
Estoy consciente de que ambas expresiones tienen para cada persona, múltiples interpretaciones, sin embargo, el ámbito de consideración es tan amplio, tanto como el concepto mismo de educación, que solo me ocuparé del que a mi juicio es importante precisar, que es el que se refiere a los “buenos hábitos”.
Sin duda que el término educación es tan amplio y complejo, que incluye los aprendizajes escolares y también los que se adquieren en el hogar y en la convivencia social. El deslinde de cada ámbito no es tarea fácil, mucho menos asunto concluido; dicho lo anterior, cito expresiones que nos ilustran sobre este tema, atribuidas al ex presidente de Uruguay José Mujica, “no le pidamos al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar”, agregando, “En la casa se aprende a: saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado y, continúa, en la Escuela se aprende: matemáticas, lenguaje, ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado a sus hijos.” Hasta aquí la cita.
En otras palabras, el legado de padre y madre, se sustenta en su propia herencia, recibida de sus progenitores, y es lo que acompaña al concepto “Universidad de la Vida”, siendo tan o más importante que el aprendizaje escolar en la formación de cada persona.
Hoy, el sistema educativo está en el centro del debate nacional respecto de aspectos que poco impactan la calidad educativa, sin ocuparse de la parte del aprendizaje extra escolar, sustancial en la formación de los educandos. Corresponde a padres y madres cumplir con su parte y sentirse graduados de la “Universidad de la vida”.
El autor es Doctor en Derecho con amplia experiencia en el sector público y privado.
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Sé una persona positiva y sé optimista
Por Jorge Cárdenas
Alguna vez escuché la frase, como la del titulo de esta lectura: “Sé una persona positiva y sé optimista”… ¿pero realmente que es ser positivo? ¿acaso ser optimista influye en mejor forma en nuestra vida?
Todos buscamos lo mejor para nosotros pero, ¿que tanto hacemos para cambiar nuestra situación o sencillamente estamos consientes de que nuestra actitud ante la vida puede influir para bien o para mal nuestra existencia?
Primeramente definamos que es “ser positivo” y que es “ser optimista” entonces podremos comprender si son sinónimos o si realmente existe alguna diferencia entre estos dos términos que escuchamos muy a menudo.
Sin entrar en detalles técnicos, esto sería para mi lo que es el ser “positivo”: Es alguien que ve lo agradable del todo, vive y siente el presente, sabe que no todo es perfecto, preciso, pero sin embargo, ve o busca la oportunidad, para aprovecharla y tener un mejor futuro. Tener una mentalidad positiva es sinónimo de fortaleza mental. Es tener flexibilidad y estar consiente que se puede presentar un cambio, un aprendizaje en cada situación, en pro de seguir avanzando, para así lograr el objetivo previamente establecido. Ser positivos es estar consiente que la estabilidad no existe, en cualquier momento se puede presentar el caos, entonces una persona positiva buscará resolver de mejor manera para así convertirlo en experiencia.
Si pudiera mostrar un ejemplo, como arquitecto sería este: Mi cliente me contrata para elaborar su proyecto. Estoy consiente de que puede haber cambios. Tal vez el resultado no será el que como arquitecto haya pensado desde un inicio pero estaré abierto a recibir nuevas opiniones que dentro de mi burbuja de arquitecto no podía ver. Entonces trataré de publicar y promocionar el resultado del proyecto para atraer nuevos prospectos.
En cambio, “ser optimista” es crear expectativas donde todo “está bien”. Se vive en un mundo irreal donde se desea la perfección, donde no ocurra nada no planeado. No existe el “plan b”. Ser optimista no acepta flexibilidad porque -en teoría- todo “saldrá bien”. Todo es cuadrado y no existe el constaste de colores, ni siquiera entre el blanco y el negro, solo desea que sea el tono que lo conforte según sus planes. El optimismo tiene como frontera una línea muy delgada el deseo y la frustración.
Mostrando el mismo ejemplo anterior. “Ser optimista” sería algo así: El cliente quiere un proyecto. Deseo que el cliente acepte mi propuesta. No habrá cambios y el resultado final será tal como me lo imaginé. Siendo optimista, tendré más clientes y todo “saldrá bien”.
Entonces, ¿que actitud debemos tomar ante la vida? “Ser positivo”, “ser optimista” ¿o ambas?
Ambas definitivamente se descarta porque entre los dos términos se contradicen. Ambos actitudes pueden coexistir con apenas rozarse pero sin llegar a mezclarse. Entonces, ¿preferimos vivir en un mundo real o en un mundo de deseos donde todo estará bien? Ambas son actitudes completamente válidas pero la primera te prepara mejor ante la vida. Te crea una armadura mental. Eres un imán para las demás personas. Aun así, nunca criticaré el optimismo, porque alguna vez cada uno de nosotros deseamos que todo “salga bien”. Al fin y al cabo ese es el propósito de nuestra vida: Que al final de nuestro tiempo todo “salga bien” para nosotros y los nuestros.
Me rebota esta frase una y otra vez en mi mente: “Sé una persona positiva y sé optimista”. Trato de ser “positivo” pero evito ser “optimista”. Trato de abrirme al hecho que puedo resolver cada situación conforme se vaya presentando pero intento no hacerme expectativas de cómo pueden suceder las cosas. Entiendo de que no todo “saldrá bien” pero estoy consiente que aprenderé y seré mejor persona para así aprovecharlo en un futuro.
Y tu, ¿quieres “ser positivo” o “ser optimista”?
Jorge Cárdenas
Jorge Cárdenas es arquitecto, fundador y actual director de Diez y Nueve Grados Arquitectos. Empresa dedicada al diseño y construcción de diversos proyectos inmobiliarios. Es egresado de Lic. de Arquitectura en la Universidad Regiomontana.
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